Paseo por el viejo corazón de Valencia

Paseo por el viejo corazón de Valencia
oct12

Paseo por el viejo corazón de Valencia

Paseo por el viejo corazón de Valencia.

Lo iniciamos en las torres de Serranos para dirigirnos, por la calle del Muro de Santa Ana, a la plaza  de San Lorenzo.

Encontraremos, a la derecha, la interesante iglesia de San Lorenzo, de los franciscanos, y un curioso edificio que ha recuperado la antigua decoración de su fachada. A la izquierda, soberbio, nos aguarda el palacio de Benicarló, edificio gótico residencia medieval de la familia Borja y después convertido en industria textil y en casa del conde de Benicarló. Pasó a manos del Estado y fue residencia del Gobierno de la República en 1937, cuando fue despacho del presidente Azaña. Más tarde se convirtió en sede de las Cortes Valencianas, que a partir de 1982 lo restauraron y le añadieron dependencias para el funcionamiento del parlamento valenciano.

A pocos pasos, el viajero puede encontrar la recoleta plaza de Nules, formada por dos soberbios palacios: uno es sede de la Real Maestranza de Caballería y el otro alberga ahora la vicepresidencia de la Generalitat. Desde allí es fácil llegar a la plaza de la Virgen, corazón  de la ciudad. Estamos en lo más elevado de la colina que  los romanos ocuparon al fundar la ciudad un siglo antes de Cristo: una placa con inscripción, en el centro de la plaza, recuerda este nacimiento, del que hay memoria en el yacimiento de la Almoina, tras la Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados.

La plaza de la Virgen

La plaza de la Virgen (en valenciano de la Mare de Déu) tiene el perfil familiar de los niños que corren detrás de las palomas. En ella tenemos a mano la Valencia monumental: el Palacio de la Generalitat, la Basílica de la Virgen, la Casa Vestuario y la Catedral. El jardín rodeado de verja es el solar que en la Valencia antigua ocupó  el Ayuntamiento; el ángel de la esquina es San Miguel, el custodio de la ciudad.

El Micalet, la torre de las campanas de la iglesia Catedral y el cimborrio gótico sobresalen en el perfil.  Pero es muy notable la logia de doble arquería renacentista de la Catedral, la poderosa  vidriera gótica que configura calada la estrella de David (“El Salomó”) y la puerta gótica de los Apóstoles a cuyos pies se reúne, todos los jueves a mediodía siguiendo la costumbre establecida hace centurias, el Tribunal de las Aguas, la institución que regula los riegos de la Vega de Valencia y que dicta sentencias inapelables sin documentación  escrita; estamos ante la más antigua institución de justicia oral que funciona en Europa y ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad  por la UNESCO.

La fuente que mana en la plaza recuerda esos riegos: en el centro está el padre río, el Turia, rodeado de sus jóvenes hijas, las acequias.

 La Catedral comenzó a construirse en 1262 en una zona, la cumbre de la colina fundacional, donde estuvieron los templos romanos, la primera iglesia visigoda y la mezquita mayor. La acumulación de estilos de  Valencia es bien visible en la Catedral: la puerta primitiva es románica; la que da a la plaza es gótica, como el cimborrio, hermosamente calado para que penetre la luz; la tercera es barroca. La Catedral fue una suma de estilos también en su interior. En tiempos modernos se ha tenido que elegir y se han respetado las líneas góticas originales, cistercienses, en una parte del templo.

En el curso de esos trabajos en el altar mayor recientemente, debajo de una cubierta barroca, se han reencontrado unas preciosas pinturas renacentistas, pintadas por artistas italianos enviados por Rodrigo Borja, el que sería Papa Alejandro VI.  Son ángeles  músicos, festoneados de estrellas doradas, debidos a los pinceles de Francesco Pagano y Paolo de San Leocadio; tras la sorpresa inicial y la restauración, los expertos han catalogado las pinturas como únicas en Europa por su calidad.

Basílica y Micalet

La Virgen de los Desamparados, Patrona de Valencia, tuvo primero su capilla en la arquería de la logia de la Catedral.  Pero el aumento de la devoción recomendó  la construcción, en el siglo XVII, de un templo específicamente dedicado a la veneración  de la imagen que acompañaba a los desposeídos y abandonados, a los que fallecían sin amparo de la familia, a los inocentes y dementes de la ciudad, para convertirse en una advocación de alta devoción popular.

Al Micalet, el campanario gótico de la Catedral, se le superpuso en el siglo XVIII una espadaña  para sustentar la gran campana  de las horas, llamada “Miquel”, que acabó  dando  nombre  a la torre. La mezcla de estilos puede  chocar al visitante; pero estamos ante la torre más querida como emblema  por los valencianos y es la nostálgica referencia de los que tienen que emigrar. Si el viajero sube hasta la terraza de la torre (207 peldaños) no debe dejar de visitar la casa del campanero, desde la que podía tocar las campanas situadas encima.

Desde la terraza del Micalet, que ya no es el lugar más elevado de Valencia al que subieron en su día todos los monarcas e ilustres viajeros, se divisa el mar en el horizonte. En las inmediaciones se verá la plaza de la Reina y la Almoina, una zona de vestigios de todas las épocas donde se ha llegado hasta al suelo fundacional.  El conjunto, después de largos años de excavaciones, se ha convertido en un singular museo que recorre los tiempos originales de la ciudad, cubierto por la lámina de agua sobre otra de cristal. Muy cerca  se debe conocer el Almudín: es el antiguo almacén de grano de Valencia, una joya gótica con almenas y ronda de guardia. Ahora, transformado   en sala para exposiciones, exhibe en los muros interesantes inscripciones que evocan a los santos patronos y que recuerdan algunas importantes llegadas de grano en tiempos de carestía.

El palacio arzobispal preside una hermosa plaza  en las inmediaciones de la puerta románica de la Catedral. Enfrente vamos a encontrar el Palacio de Berbedel, elegante mansión que fue propiedad del marqués de Campo y que ahora acoge el Museo de la Ciudad. Alberga de forma permanente la importante colección de pinturas de la Ciudad y celebra continuamente exposiciones temporales. Muy cerca, relacionada con los yacimientos que testimonian el origen de Valencia, podemos encontrar la cripta de San Vicente Mártir, un lugar de raíces paleocristianas que evoca el martirio del diácono Vicente, un santo clave en el primer cristianismo valenciano.

Generalitat y calle de Caballeros

Es interesante la neoclásica Casa Vestuario, que  fue construida para que  los miembros del Consejo de la Ciudad se revistieran de gala para las solemnidades religiosas. Guarda interesantes pinturas y ha sido adaptada como biblioteca pública. El Palacio de la Generalitat fue construido como sede solemne de las Cortes del Reino. Gótico y renacentista, ahora es sede de la presidencia de la Generalitat. En su interior deben conocerse las pinturas del Salón de Cortes: los caballeros, los nobles y eclesiásticos que ilustraban los tres brazos de representación del Reino de Valencia fueron retratados en ellas para la posteridad. También debe conocerse el artesonado de la Sala Dorada, de profusa decoración.

Junto a la Generalitat  se extiende la plaza de Manises, donde encontraremos el conjunto de palacios gótico-renacentistas de la Baylia y del Marqués de la Scala, sedes de la Diputación Provincial. Cerca hay conventos  recoletos, como el de la Puridad y caserones palaciegos. El Palacio de Fuentehermosa, frente a la Generalitat, es de una elegante pureza modernista. Aquí arranca la calle de los Caballeros festoneada de viejos palacios señoriales. En la zona –calle de Salinas– es frecuente encontrar lienzos  de la muralla musulmana, solitarios o reaprovechados.

Muy cerca está el Portal de Valldigna, de la muralla musulmana.  En la zona izquierda de esta calle, encontraremos el acceso a la iglesia de San Nicolás, otra de las clásicas de la ciudad, decorada con hermosas pinturas.

El Tossal y la plaza de Sant Jaume

Entre palacios y caserones  llegaremos  al Tossal, un nombre que evoca una elevación del terreno y una plaza que alberga un pequeño museo subterráneo, con restos de la muralla. La plaza de Sant Jaume se divide en dos calles, la Alta y la Baja, que se adentran en el dédalo popular del barrio del Carmen.   Los bares y pequeños restaurantes, las tiendas de los más innovadores creadores se dan cita en esta parte de la ciudad de vocación joven y dinámica. La calle de la Bolsería también  muestra una animación especial tanto de día como de noche: su pendiente nos indica que bajamos la colina y que vamos hacia una explanada situada a las afueras de la muralla musulmana, en la que desde hace mil años ha tenido la ciudad su mercado. Antes, no obstante, valdrá  la pena un pequeño desvío  para  conocer, en la calle de Valeriola, el palacio de Joan  de Valeriola, de los siglos XIV y XV, que ahora es sede de la Fundación  Chirivella Soriano. Tras una primorosa restauración, en 2005 se convirtió en un centro de arte contemporáneo  de notable  interés, con una importante colección de pintura, en el que se realizan exposiciones  temporales y se celebran diversas actividades de índole investigadora y didáctica.

El Mercado y la Lonja

El Mercado Central de Valencia se inauguró en los años veinte y es una construcción metálica, de traza modernista en su decoración, que  sorprende por sus enormes dimensiones. La Valencia más popular se da cita bajo sus bóvedas cada día; pero el Mercado del siglo XXI, completamente  modernizado, está enlazado por Internet y envía los pedidos a domicilio como cualquier centro comercial. La cúpula, coronada por la monumental cotorra, es el símbolo de este centro comercial donde aromas y colores se dan cita con al habitual bullicio del mercado. Desde tiempos musulmanes, éste es el lugar del mercado mayor que se extendía por plazuelas y callejones, bajo toldos y tiendas desmontables. El edificio fue diseñado por Alejandro Soler March y Francisco

Su inauguración fue en el 1929. La cúpula central, de 30 metros, deja penetrar la luz del Mediterráneo; coronado por animales emblemáticos labrados en hierro forjado, el edificio es elegante y armonioso.

En esta encrucijada se accede también a la iglesia de los Santos Juanes, gótica por dentro y barroca en su elegante espadaña con reloj, imágenes y estatuas, que antes fue una mezquita. Enfrente del mercado está la Lonja de la Seda, bien cultural Patrimonio de la Humanidad. Fue construida entre 1483 y 1498 por Pere Compte y Joan Ibarra; en ella sorprenden sus columnas helicoidales, que se abren como palmeras, y la inscripción en latín que rodea la sala para pedir a los comerciantes honradez sin usura. Los grandes ventanales calados, el fresco patio de los naranjos y el Salón del Consulado del Mar convierten al recinto en una verdadera joya del gótico civil europeo, dedicada al comercio de granos, seda y otras mercaderías. Allí funcionó el primer banco de la ciudad de Valencia, la Taula de Canvis.

Santa Catalina

Todas las calles y plazas próximas al mercado están ocupadas por tiendas, bares y restaurantes de corte popular, donde el bullicio está garantizado de la mañana a la noche. Las calles del Trench y de los Derechos, de Ercilla y de las Mantas, de los Ramilletes y de las Calabazas tienen nombres que evocan las tiendas más humildes de la Valencia tradicional. Aún quedan platerías y librerías de viejo en una plaza,  la de Lope de Vega, donde se asoma con un gran óculo la iglesia  de Santa Catalina. Dos arquerías, recientemente destapadas, nos muestran el relleno con que se cegaron, entre ellas la cabeza de la estatua de un prelado.

Esta es otra de las iglesias góticas valencianas que nacieron sobre mezquitas. La girola que rodea el altar mayor tiene la peculiaridad de ser única en la ciudad. Pero todavía llama más la atención la airosa torre barroca, símbolo de Valencia, que da sentido a la perspectiva de la calle de la Paz y que a través de una popular plaza, dominada por pastelerías y horchaterías, comunica con la plaza de la Reina.

El Bus Turístico

Desde esta plaza salen los circuitos de visita de la ciudad en coche de caballos. Y también parten las líneas del Bus turístico (Contacto: 963 414 400). Son vehículos de doble piso, dotados de sonido individualizado, con ocho idiomas distintos, que permiten  a los visitantes ir escuchando los comentarios durante el recorrido panorámico  que realiza. El autobús hace un recorrido completo por el casco antiguo y la zona más cosmopolita.  El viaje dura aproximadamente una hora y media y tiene cinco paradas. El servicio está disponible todos los días del año, con una frecuencia de paso que oscila de 30 a 45 minutos, según la temporada del año de que se trate. Ver itinerarios.

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